A cien años de la muerte del Beato Juan Bautista Scalabrini, la emigración se ha convertido en un fenómeno planetario que involucra a todos los países del mundo en la partida, en el tránsito y en la llegada.
A escala global, son cerca de 214 millones las personas que viven fuera de su país de origen. Entre ellos están incluidos 15,2 millones de refugiados y 983'000 solicitantes de asilo.
A este movimiento internacional se añade la cifra de 27,1 millones de desplazados, obligados a huir de una región a otra de su propio país, y el incalculable número de los migrantes internos que se mueven sobre todo de las áreas rurales hacia las periferias de las inmensas megalópolis. La emigración cuenta con muchas cifras, estadísticas que se subsiguen, pero sobre todo está hecha de rostros, historias, expectativas... y de muchos "porqués" que remiten a los dramas actuales de la humanidad. En la era de la globalización, la economía tiende cada vez más a atravesar los límites de un solo país: las fuerzas económicas, libres de todo vínculo puesto por las políticas de los estados nacionales, actúan autónomamente. El orden económico global actual no deja entrever mayor justicia, democracia, redistribución de los bienes. Al difundirse en todo el mundo de una cultura única uniformadora, que pone como centro el provecho y la ley del mercado, corresponde el afirmarse de nuevas ideologías totalitaristas, que se alimentan con los fundamentalismos religiosos y por el repliegue fanático en las propias raíces étnicas.
El impulso actual y creciente para emigrar tiene pues como causa el aumento de la desigualdad social y económica entre el Norte y el Sur del mundo, la falta de perspectivas en el ámbito de la formación y del trabajo para muchos jóvenes, las catástrofes naturales y ecológicas, el desequilibrio demográfico entre los varios continentes, las guerras, la persecución política, étnica y religiosa, el terrorismo y la violación de los derechos del hombre.
No menos fuertes de los factores de expulsión son los de la atracción que despiertan en muchos el deseo de partir: la difusión a través de los medios de comunicación del modelo de la sociedad del bienestar occidental, el llamado de los connacionales ya emigrados, el reclutamiento de las organizaciones de tráfico humano.  

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