Contemporáneamente, la competición internacional en vista de la asunción de técnicos y profesionales de elevado nivel da lugar a las migraciones calificadas que empobrecen a los países de partida del personal necesario al progreso económico y social. La humanidad aparece dividida en dos categorías: las nuevas elites supranacionales de los viajeros, que pueden llegar a todos los lugares sin preocuparse de las fronteras o de los límites, y la mayoría de las personas que, si se mueven, lo hacen para sobrevivir, arriesgando su vida para pasar los confines, o permanecen ancladas a un territorio, quizás dentro de lugares delimitados como los campos de prófugos. En efecto, la libertad de movimiento que hoy vale para los bienes financieros, los productos y los servicios, en cambio no es reconocida universalmente a las personas.
En todas partes en el mundo la inseguridad genera en las poblaciones locales el temor hacia los migrantes y hace que los gobiernos emanen leyes cada vez más restrictivas para con ellos.

Como consecuencia, se asiste al aumento del número de los clandestinos (2,5-4 millones por año). La inmigración irregular es un fenómeno que se ha vuelto estructural en todas las áreas del mundo. De ello aprovechan sobre todo las organizaciones internacionales del tráfico humano, en cambio quienes pagan a veces con la propia vida las consecuencias de atravesar ilegalmente las fronteras son los migrantes y los refugiados. Aún más deshumana es la denominada "trata de personas", que involucra a centenares de miles de mujeres y niños cada año, obligados a la prostitución o a trabajos serviles en condiciones de real y verdadera esclavitud.  

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