Rumbo al Norte


    P. Fernando Cuevas Preciado, Misionero Scalabriniano, desempeña el servicio de animador de la Pastoral Vocacional y Misionera de su Congregación. Lo encontramos después de un viaje a La Patrona, Veracruz y le hicimos la siguiente entrevista.


    ¿Cuál fue tu experiencia con los migrantes en La Patrona, Municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz?

    Estamos viviendo en México un momento "kayrologico", un momento de gracia en el sentido de la acogida que podemos dar a nuestros hermanos migrantes. México es país de tránsito, es país de llegada y es país de partida para tantos migrantes.

    Veracruz se ubica dentro de un punto neurálgico en nuestro país, para el cruce de indocumentados, de aquellos hermanos que no tienen papeles y que van en búsqueda de una vida mejor. Veracruz, por sus características geográficas, está en el centro-oeste de la república; allí llegan muchos migrantes y de allí se empiezan a dispersar a lo largo de todo el territorio mexicano. Las personas de Veracruz, por su particular forma de ser, son muy sensibles a la acogida, son personas muy espontáneas, alegres, amables en el trato con los demás. De allí que los migrantes, desde el inicio del fenómeno, se han servido del estado para tener un poco de comida y vestidos para cambiarse de ropa, pues los que vienen de la frontera de Chiapas con Guatemala llegan después de 10 ó 12 horas de viaje, en condiciones que dejan mucho que desear. Ellos saben que en esta zona van a encontrar ayuda en diferentes lugares: Ciudad Isla, Coatzacoalcos, Córdoba y otros más, de los cuales se destaca el grupo de personas de La Patrona que voluntariamente e independientemente de una institución, están realizando una gran labor de caridad hacia los migrantes.

A un lado de La Patrona, Veracruz, pasan los trenes de carga rumbo al norte. Sus habitantes, sobre todo aquellos que viven al lado de las vías, hacen algo tan elemental como milagroso: ofrecer agua, comida, ropa y medicinas a quienes viajan como pueden en esos trenes, trepados en el techo, de pie entre vagones. Son los centroamericanos, que se van en busca de empleo, que necesitan, muy a pesar suyo, cruzar nuestro país.
(Cf. http://www.jornada.unam.mx/2007/08/15/)

    Veracruz se encuentra dentro de los principales estados expulsores de migrantes, por tanto es una comunidad que sabe muy bien lo que significa emigrar. Ellos están sufriendo este desarraigo familiar. Muchas de las personas que han emigrado y que han vuelto son las mismas que atienden ahora el pasaje de los migrantes. Muchos que tienen hijos en Estados Unidos ayudan a estos hermanos y hermanas en espera de que a los suyos los traten de la misma manera.

    Mi experiencia con los migrantes de Veracruz es totalmente de comunión, es una experiencia que me ha llevado a poner en práctica aquello aprendido del evangelio a través de mi vivencia religiosa en la comunidad scalabriniana.

    ¿Cómo conociste la comunidad de La Patrona?

    Esta comunidad la conocí a través de los talleres de Pastoral Migratoria que estamos dando en la diócesis de Córdoba, Veracruz. La comunidad de La Patrona forma parte de la parroquia de Amatlán de los Reyes, diócesis de Córdoba-Veracruz, donde en diversas ocasiones hemos dado talleres intensivos de pastoral migratoria, los cuales abarcan los aspectos teológicos y algunos aspectos legales para la atención de los migrantes. Ellas (hablo en femenino porque en su mayoría son mujeres) han participado activamente en estos procesos. Por este motivo nos hemos encontrado en diversas ocasiones y de allí surgió la invitación para conocer las "vías". Desafortunadamente el tiempo no me había permitido ir hasta el pasado taller, que realizamos justo allí, en las "vías". Experimentamos juntos con ellas el paso del tren, "el paso de la bestia de acero" y su servicio generoso.

Las mujeres de La Patrona se han vuelto grandes expertas de la migración en muchos sentidos: conocen a quienes vienen del sur y son parte de quienes van al norte. Saben de la necesidad de salir, saben de lo que se padece en el camino, del hambre, del frío, del sol, las enfermedades, los accidentes, las agresiones. Han auxiliado a mutilados por el tren, han llorado a familiares fallecidos en el desierto. Entre los maquinistas hay de todo: unos aceleran cuando las ven; otros les cobran a los viajeros a cambio de pararse. También hay los "buena onda" que comienzan a pitar cuando todavía vienen lejos y disminuyen la velocidad lo más posible. Otros hasta se paran. En esas ocasiones, las mujeres platican con los centroamericanos. "Da tiempo de darles su comida, de darles palabras de aliento, porque muchas veces vienen tristes, cansados". De Dios se habla mucho en este lugar. "Dios está aquí porque vemos que la comida se multiplica", dicen.
(Cf. http://www.jornada.unam.mx/2007/08/15/)

    ¿Cómo viven estas personas la acogida del migrante que transita por La Patrona rumbo a Estados Unidos?

    La Patrona es un pequeñísimo pueblo de máximo de 3000 personas, hay algunos que están a favor y otros en contra. Los que están a favor generalmente lo hacen por cuestiones humanitarias, o sea, es una experiencia lindísima, la que ellos viven, de la oportunidad de servir al migrante. Han estado muy motivados también por algunos documentales que han sacado y esto ha ayudado para que muchos se sensibilizaran. El ver los rostros alegres, agradecidos, ver cartas de agradecimientos que han llegado de los que han logrado llegar al norte, ha motivado a muchísimas más personas a ofrecer ese refresco, pan o montoncito de arroz empacado en bolsas de nailon o plástico, muchas veces aventados o dados con una técnica especial. En la mayoría de las personas que yo he encontrado y que participaron en el taller, vi la solidaridad humana y la fe en Dios y en la Virgen que los socorre para continuar socorriendo a los demás.

    ¿Cómo puede la experiencia de dar una botella de agua tornarse una experiencia del compartir con esta gente?

    Una cosa que a mí como sacerdote para los migrantes me ha impactado, es que no hay ninguna institución que esté atrás de todo esto, ni la iglesia católica, ningún gobierno y ninguna ONG. Ellos mismos desde su pobreza dan aquello que pueden. Si tú vas allí ellos no te piden nada, tú ves las necesidades y puedes o no ofrecerte a ayudarlos, pero ellas sacan de su diario vivir para darles a los migrantes. Para mí es algo que se convierte en una Eucaristía viviente, en un momento del compartir teológico y un momento de "koinonia" total.

"Cada jornada comienza y termina al lado de las vías, donde se cimbra el alma al oír el compás del movimiento del tren, cuando se sienten y se oyen chillar ventanas y muros. Cada vez que se cierran los ojos se ve esa luz del tren, alumbrando desde donde se mira La Patrona en el horizonte, allí donde diariamente se regala humanidad". (Cf. Lizzette Argüello)

    ¿Qué es lo que esperan los migrantes que van a Estados Unidos? ¿Qué viste en los rostros de los que pasaban?

    Creo que todos esperamos realizar un sueño y ellos esperan realizar sus sueños de ayudar a sus familias, de construir una casa, de darles mejor educación a sus hijos, de adquirir una técnica o una cultura mejor para servir a la comunidad. Por tanto sus rostros están llenos del polvo del camino, pero también sus mentes están llenas de esperanzas, viven con el deseo de encontrar condiciones más favorables que les permitan humanizarse para poder humanizar aquellos que se quedaron atrás. Ellos vienen muchas veces dejando toda una familia, amigos y todo el medioambiente que le era de fuerza en su diario vivir. Dejando eso, se meten a la deriva... Es fácil tener un diálogo con ellos cuando tú te muestras abierto; cuando te muestras interesado en ellos, te cuentan sus historias; esto hace que tu corazón se conmueva, y esto hace que tu vida tenga sentido. Ver rostros llenos de esperanza, rostros llenos de angustia... Dan también un sentido a tu fe. No todos son católicos, por tanto su forma de retribuir diciendo: "Dios se los pague, que el Señor los cuide", es como una espina que queda clavada en el corazón, una espina de reclamo de tanto que podemos hacer y no estamos haciendo, pero también una espina de esperanza.

    ¿De dónde vienen en su mayoría estos migrantes que pasan por Veracruz?

    La mayoría no son mexicanos, si bien sabemos que del centro golfo, del suroeste de la república, digamos de Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas están emigrando bastante, principalmente personas indígenas y personas que no habían tenido accesos a las vías, a los medios de comunicación actual. En su mayoría son Centroamericanos, Sudamericanos y siempre más se están detectando personas también de Asia y de África meridional y central. Y todos ellos confluyen a través de los diferentes puertos, diferentes zonas fronterizas. Algunos llegan en barco a la zona de Campeche, que es donde más tenemos movimientos de barcos, de petróleo y de turismo; otros vienen de Cancún, Quintana Roo, otros de Mérida, Yucatán. Pero la frontera más utilizada por los hermanos migrantes es la frontera de Tapachula, Tenosique, frontera con Guatemala.

    ¿Qué es lo que les da la fuerza a estos migrantes en su viaje y en este momento tan difícil de su vida?

    Es difícil responder a esta pregunta, porque son sentimientos tan profundos que ellos guardan en su superación personal: esperanza de una mejor condición social, de una mejor condición económica que no podemos encasillar en una sola respues-ta. La fe, que su situación general puede cambiar es lo que empuja a los migrantes, que los anima a sufrir el sol y el hambre, el polvo, el frío, la inseguridad que pasan a lo largo de México; pero está también la esperanza que los empuja y que los anima a decir: yo puedo alcanzar.

    ¿Qué mensaje dejarías, como Iglesia, a los jóvenes y a los adultos que reciben "Por los caminos del éxodo"?

    Ante todo, "si el migrante no es tu hermano, Dios no es tu Padre". Esta frase terriblemente nos enfoca en la realidad de hermandad. Todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre, por tanto estemos abiertos a la acogida, estemos abiertos a recibir a quien es diferente, a quien piensa, siente y habla de una forma diferente. Y finalmente que en nuestra vida, podamos reflejar esa comunión que hay en Dios.

Por la Redacción