¡Una experiencia invaluable!
Ely, joven estudiante de la República Dominicana participa desde hace 9 meses en los encuentros internacionales mensuales en el CIM-Scalabrini y nos comparte su experiencia.
Me encanta explorar, vivir nuevas experiencias y conocer gente nueva. Así que cuando el avión que me conducía hasta este querido país ascendía, mi corazón revoloteaba entre una mezcla de emociones y expectativas, y mi mente, a la vez, se atemorizaba un poquito con la incertidumbre de cómo sería la estancia en un país tan distinto al mío, en donde realmente no conocía a nadie.
Durante mi primera semana aquí, hice una pequeña búsqueda de alguna parroquia que me quedara cerca de la universidad, en la que me congregaría durante mis dos años como becaria extranjera para cursar la maestría en Trabajo Social en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Para mi fortuna, además de encontrar una, fui agraciada con la noticia de que dicha parroquia de los Frailes Dominicos contaba con una misa especial para la comunidad universitaria. Fue allí, en esa primera semana, en donde conocí a las Misioneras Seculares Scalabrinianas, quienes aquel día invitaron a los jóvenes al encuentro mensual en el
Centro Internacional en donde están ellas.
¡Qué gran día ese mi primer encuentro! Empezando por el cálido ambiente de adentro que contrastaba con la brisa fría de finales de invierno (bueno, mucho más frío para una caribeña como yo, para quien cualquier brisita es como si estuviera en el polo norte). En ese primer encuentro compartimos como tema nuestras vivencias con nuestro Padre del Cielo; cantamos, oramos, reímos y comimos. Escuchar tan bellos testimonios de los jóvenes presentes, me hizo comprobar una vez más que Dios habita en cada lugar en donde se le invoca con sinceridad, sin importar los distintos colores, matices o tamaños que tengamos. Bien los dice en Su palabra: "
Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos" (Mt 18,20).
Y así, cada reunión se convierte en un espacio en donde descubrimos juntos, con espíritu joven, la manera de abrirnos a los demás en aceptación y valoración de nuestras diferencias y en reconocimiento de que, como creaturas amadísimas de Dios, somos todos igualitos, creados a imagen y semejanza Suya, llamados a ser uno, a vivir la comunión en la diversidad, a formar un sólo cuerpo en Su Hijo Jesucristo (Rom 12,4-5) y a experimentar desde ahora ese reino de amor, paz y justicia que está ya en medio nuestro (Lc 17,20-21).
Sin dudas, uno de los momentos inolvidables para mí, en la participación en el Centro Internacional, ha sido conocer a Maria Grazia (mss) y al Padre Gabriele, misionero scalabriniano en Alemania, cuando vinieron a México, en abril, para la celebración de los votos de Claudia (misionera secular scalabriniana aquí). Sin saber español, Padre Gabriele y Maria Grazia encontraron la manera de transmitirnos muchísimo amor y acogida a través de sus palabras. Con la ayuda de las misioneras que sirvieron de intérpretes, nos compartieron sus testimonios, impregnados de la presencia inconfundible del Señor en sus vidas.
Han transcurrido ya nueve meses desde aquel primer día y, desde entonces, cada encuentro es una experiencia nueva y enriquecedora que vivo no sólo en las reuniones juveniles mensualmente, sino en cada visita a las misioneras en el Centro, en cada rezo del rosario que hacemos juntos, en cada Misa Universitaria en donde solemos también compartir; a través de la comunicación electrónica o simplemente en un encuentro "fortuito" en la calle, que me remonta a aquel pasaje de los dos discípulos que caminaban hacia Emaús cuando se encontraron con aquel "forastero" y sintieron arder sus corazones cuando lo escucharon hablar (Lc 24,13-35). Y es que ha sido el mismo Jesús quien ha tomado la iniciativa de acompañarme en los senderos de la vida y de hablarle a todo mi ser a través de los rostros de mis nuevos amigos, que asisten conmigo a los encuentros, con quienes comparto la alegría de sabernos hermanos, hijos del Dios bueno y tres veces santo; la esperanza de un mejor futuro para la humanidad y la dicha de caminar juntos por los caminos del éxodo.